Gran Bretaña ha empezado pronto con la tarea después de que los reguladores británicos dieran luz verde el 2 de diciembre para el uso de emergencia de la vacuna producida por la farmacéutica estadounidense Pfizer y la alemana BioNTech. Las autoridades estadounidenses y de la Unión Europea también están analizando el medicamento, así como productos rivales desarrollados por la empresa estadounidense de biotecnología Moderna y por un proyecto colaborativo entre la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca.

Rusia empezó el sábado a administrar su vacuna Sputnik V a miles de médicos, profesores y otras personas en docenas de centros en Moscú. El programa se considera diferente porque Rusia autorizó el uso de Sputnik V el pasado verano tras probarla apenas en unas docenas de personas.

Gran Bretaña necesita las vacunas con urgencia. El país ha sufrido 61.000 muertes asociadas al COVID-19 -la cifra más alta de Europa- y más de 1.7 millones de contagios.

Las 800,000 dosis de la primera ronda son apenas una parte de lo que hace falta. El gobierno aspira a inmunizar a 24 millones de personas, o en torno al 40% de la población, en la primera fase de su programa de vacunación, que da prioridad a los que sufren más riesgo si contraen la enfermedad.

Después de los mayores de 80 y trabajadores de residencias, el programa se ampliará conforme aumente el suministro, para ir vacunando a gente en función de su edad, empezando por los mayores.

Gran Bretaña ha acordado comprar millones de dosis de siete fabricantes distintos. Gobiernos de todo el mundo han cerrado acuerdos con diferentes proveedores para asegurarse la entrega de productos que logren autorización.