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18 mayo, 2021

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Alguien tiene que morir, la serie española a la que sólo salvan los actores

Del mismo creador de La casa de las Flores, esta ficción corta de Netflix se sostiene gracias a trabajos como los de Carmen Maura y Ernesto Alterio. La trama se presenta como un thriller y se transforma en un culebrón previsible.

Con Carmen Maura y Ernesto Alterio como bastiones de la interpretación comprometida, la serie de tres episodios se planta como un drama familiar, atravesado por las pasiones, las buenas conductas, los mandatos y, fundamentalmente, las apariencias.

Amparo Falcón es la matriarca autoritaria de esta serie en la que Carmen Maura se florea con altura.

Amparo Falcón es la matriarca autoritaria de esta serie en la que Carmen Maura se florea con altura.

Aquí, más que el lema conservador de Que no se vea lo que somos, lo que corre en la casa comandada por la matriarca que compone estupendamente la primera chica Almodóvar (bautizada así por la prensa española) es Que no seamos lo que se ve. Imposible. Por eso, y como sentencia el título, alguien tiene que morir.

El punto más previsible de este drama combinado con thriller no es que se sepa de antemano que alguien morirá, sino que no hay demasiadas sorpresas en el tejido de los vínculos. Y la gran -¿tal vez única?- sorpresa de esta producción se da en que el famoso amor homosexual, que no conviene spoilear aquí si se concreta o no, queda sepultado por una relación que no sonaba entre los bombos y platillos de la previa.

Pero que, al suceder, vuelca el relato hacia el lado del culebrón más típico de la TV de la tarde.

Cayetana y Alonso Aldama, los hermanos que interpretan Esther Expósito y Carlos Cuevas.

Cayetana y Alonso Aldama, los hermanos que interpretan Esther Expósito y Carlos Cuevas.

El cuento apunta a seguir los pasos de Gabino (Alejandro Speitzer), el español que de chiquito fue testigo de algo traumático. Se fue a México, donde conoció a Lázaro (el prestigioso bailarín Isaac Hernández), personaje que toma de su actor la plasticidad de un cuerpo que habla.

En su regreso a la madre patria, Gabino lo hace acompañado por su amigo, del que casi todos sospechan que es su pareja… incluido el propio Gabino, entre deseos reprimidos y confusiones.

Mientras apoya las maletas en la mansión que le resulta ajena, y en la que la figura de su abuela Amparo (Maura) hace chirriar hasta cada listón de madera, el chico descubre que su padre (Alterio) lo esperaba con una novia asignada. Así, entre imposiciones, secretos y traiciones, la casa de los Falcón se convierte en un infierno. Aunque Lázaro, el que llegó para -sin querer- patear el tablero de la alta sociedad española, se las ingenia para transformar ese ámbito en un escenario para la seducción.

El ala juvenil: los españoles Carlos Cuevas y Esther Expósito, y los mexicanos Isaac Hernández y Alejandro Speitzer.

El ala juvenil: los españoles Carlos Cuevas y Esther Expósito, y los mexicanos Isaac Hernández y Alejandro Speitzer.

Si bien lo suyo aquí pasa más por bailar que por hablar, lo de Hernández es una de las revelaciones de esta serie que se puede maratonear de un bocado, acompañado por el cambio de registro para Carlos Cuevas, un chico de época, trajeado y rigoreador, que no tiene ni un gramo del carismático Pol Rubio de Merlí.

También hay espacio para el lucimiento de Ester Expósito (la novia impuesta), que saltó a la fama como una de las malas de Élite. Y, claro, para quien hace de la madre de Gabino, la actriz mexicana Cecilia Suárez, que conquistó a buena parte del mercado latino como la Paulina de La casa de las Flores.

Los actores son los que seguramente rescatarán de las aguas del olvido a este melodrama que tiene un cierre más de telenovela de los ‘70 que de serie del siglo XXI.