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16 mayo, 2021

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Apasionado por el metal y con los colectivos en la sangre, quién era el chofer asesinado en La Matanza

Pablo Flores (37) tenía dos hijos y era fanático de la música. Todavía no se sabe por qué lo asesinaron.

Pablo Flores, el chofer asesinado mientras conducía la unidad 75 de la línea 218, en Virrey del Pino, La Matanza.

El metal y el hard rock lo acompañaban a todos lados. El jueves, a Pablo Flores (37) lo cambiaron de colectivo porque su interno, el 1 de la línea 218, estaba en el taller. Le dieron el 75 e iba por la segunda vuelta de la noche cuando de ser uno más, ese viaje se convirtió en el último. De la nada, dos delincuentes lo ejecutaron a tiros desde el lado de afuera de la ventanilla del conductor.

«Por Dios. Acá está tirado. Alguien que ayude por favor. No hay ningún policía. El muchacho está tirado acá, lo mataron», gritaba un pasajero que grababa un video con su celular. De fondo, todavía sonaba la música que el chofer escuchó hasta el final.

El colectivo no fue una cuestión al azar en la vida de Pablo. Su papá trabajaba como mecánico en la línea 218 y su hermano también es conductor de la empresa.

Era muy buen compañero, laburaba tranquilo. Nunca se metía con nadie”, dijo Jonathan (24), uno de sus compañeros.

Pablo Flores (37), el colectivero de la línea 218 asesinado en Virrey del Pino, junto a su pareja Lorena (34) y sus hijos.

Pablo Flores (37), el colectivero de la línea 218 asesinado en Virrey del Pino, junto a su pareja Lorena (34) y sus hijos.

El chofer estaba en pareja con Lorena (34) y era padre de una nena de 13 años y un nene de 12, a los que transmitió su disfrute por el rock. “Están muy abatidos. Él era muy dedicado a su familia”, contó Esteban Lugones, su primo, que también es colectivero. “Nosotros éramos muy cercanos, a él le encantaba la música, hacía música también: tocaba la guitarra, era muy común que en un encuentro familiar se pusiera a tocar”, agregó.

Además del colectivo, Pablo tenía otras costumbres argentinas: le gustaba cocinar asados y ver fútbol. Era simpatizante de Independiente.

Su familia, amigos y compañeros de trabajo coinciden en algo: “Pablo no tenía problemas con nadie”. Por eso les sorprende que haya pasado algo así.

“Era un pibe trabajador, no se hacía problema por nada. Se rompía el lomo laburando, lidiaba con mucha gente. Se bancaba que lo basureen. Este es un trabajo muy bastardeado, pero él no le daba bola. Siempre manejando para adelante”, subrayó Alexis Bidart (28), chofer de la línea 218.

A Pablo lo mataron cuando llegaba a la rotonda de San Javier, en la segunda vuelta que hacía de Virrey del Pino a Liniers, el jueves a la noche.

De un Peugeot 504 blanco bajaron dos hombres armados que le dispararon unos cinco tiros. Le tiraron sin mediar palabra y desde afuera del micro. Los balazos reventaron la ventanilla del conductor y al menos dos de ellos impactaron en la cabeza. Los testigos dijeron haber escuchado cinco balazos y los peritos recolectaron tres casquillos calibre 11.25.

Pablo Flores (37) y uno de sus hijos con la remera y el maquillaje de Kiss.

Pablo Flores (37) y uno de sus hijos con la remera y el maquillaje de Kiss.

Los investigadores descartan que se haya tratado de un intento de robo y sospechan que los atacantes podrían haberse confundido de víctima. A Pablo le habían cambiado el interno un día antes porque el suyo tenía un problema mecánico. Y él agarró el número 75 que pertenecía a un compañero que estaba de licencia médica y que la semana pasada había usado otro chofer.

Una posibilidad que considera la Policía es que los asesinos hayan mantenido una pelea de tránsito previamente con uno de los conductores del 75 que no era Pablo. Pero no hay nada concreto aún.

El viernes, apenas unas horas después del crimen, los compañeros de Pablo hicieron una asamblea frente a la terminal de la empresa ubicada en el kilómetro 23 de ruta nacional 3, en Virrey del Pino, en La Matanza.

Pablo Flores y su esposa Lorena (34).

Pablo Flores y su esposa Lorena (34).

Una columna de humo negro de media docena de neumáticos que cortaban la ruta contrastaba con un pasacalles colgado del puente peatonal que decía: “Respetemos el distanciamiento social, entre todxs podemos. Fernando Espinoza intendente».

Sobre el asfalto, los choferes estaban reunidos con distancia, tapabocas y sus camperas azules y camisas celestes características. Un redoblante marcaba el ritmo de los aplausos, que eran repetidos y constantes pero expresaban tristeza, bronca, dolor, miedo, impotencia y pedían Justicia, seguridad y soluciones.

“Acá tenemos turnos de entre 8 y 9 horas. Yo tengo familia, me siento mal. Pasó ya con un compañero que le quisieron robar y le cortaron un dedo. Me voy cada día sin saber si voy a volver a ver a mi hija de 11 años y a mi mujer», dijo Alexis.

La empresa Almafuerte y la localidad de Virrey del Pino son dos variables que se cruzan con frecuencia en las noticias sobre hechos de inseguridad.

En mayo de 2019, dos ladrones subieron al interno 538 de la línea 622, de la misma compañía. El chofer, Cristian Martín Temis (42), se resistió al robo y uno de los delincuentes le disparó dos veces: una bala le dio en la mano y la otra le rozó la cara. El hecho ocurrió a la altura del kilómetro 38 de la Ruta Nacional N°3, en Virrey del Pino, a un kilómetro del lugar donde poco más de un año atrás habían asesinado a Leandro Alcaraz (26), chofer de la línea 620.