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18 mayo, 2021

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El guiño de Cristina a la carta de Alicia Castro que agigantó las grietas en el Frente de Todos

La gremialista tuvo el aval de la vicepresidenta para formular duras críticas a la política exterior del Gobierno, al renunciar como embajadora designada en Rusia.

El Presidente Alberto Fernández con Alicia Castro en la Casa Rosada, cuando envió al Senado su pliego para la embajada en la Federación Rusa.

Según fuentes que conocen la trastienda de esta trama de modo inobjetable, Clarín pudo saber que Castro tomó la decisión de polemizar contra el Ministerio de Relaciones Exteriores, y contra el propio presidente Alberto Fernández, después de hablar sobre el tema con la vicepresidenta. Fernández (Cristina). Castro la considera su jefa política. La vicepresidenta avaló su estrategia que amplificó una polémica en el PJ-K aun no saldada.

El Senado aún no había aprobado el pliego de Castro como embajadora ante Rusia, pero ella aprovechó el nuevo escenario para difundir una carta de renuncia a ese privilegio en la que se expresa en párrafos muy críticos contra su propio Gobierno.

Cristina sabía todo. La dejó hacer. La vice no hizo declaraciones sobre el caso Venezuela pero sí hablaron sobre la cuestión voceros y voceras informales que suelen repetir en público lo que ella dice en privado.

Castro le dio cierta formalidad a esta interna. Ex diputada de la Alianza, Castro fue embajadora en Venezuela cuando gobernaba ese país Hugo Chávez. Siempre bajo gestión K, luego lideró la embajada ante el Reino Unido.

Ahora había sido elegida para un cargo diplomático clave en la geopolítica actual: interactuar entre Buenos Aires y Moscú.

El primer ministro ruso, Vladimir Putin, es uno de los políticos más poderosos del planeta.

En el primer párrafo de su dimisión intentó dejar en claro que quien la eligió para representar a la Argentina ante el Gobierno de Vladimir Putin fue Fernández (Cristina) y no Fernández (Alberto), lo cual demuestra que el liderazgo del Presidente es cuestionado en el Frente de Todos.

Redactó Castro: «Quiero agradecer al Gobierno nacional, en especial a nuestra vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, por haberme honrado con la designación como embajadora en la Federación Rusa.Tenía planificado mi traslado para el mes de abril, pero en marzo, con el Placet concedido por Rusia, inicié el periodo de aislamiento preventivo y obligatorio y formulé mi solicitud formal al Senado de la Nación para que se postergara el tratamiento de mi Pliego en razón de la explosión de la pandemia, que materialmente impide los vuelos a Rusia y a los cinco países en donde tendría concurrencia».

Más adelante se explayó sobre el verdadero motivo de su renuncia a la embajada en Moscú: «… el voto de Argentina acompañando la Resolución del Grupo de Lima constituye un dramático giro en nuestra política exterior y no difiere en absoluto de lo que hubiera votado el gobierno de Macri».

Y sigue en tono similar en varios párrafos más: «Nadie puede ignorar hoy que Venezuela está bajo asedio, sometido a un bloqueo criminal que priva al pueblo de medicinas, alimentos, insumos esenciales. Aportar a intensificar ese asedio es, por lo menos, irresponsable. Desde el golpe de estado perpetrado contra Hugo Chavez en abril 2002, no han cesado los intentos de golpe, magnicidio, sabotaje, desabastecimiento, acciones organizadas de violencia para promover el caos».

Castro descalifica también el informa sobre la violaciones de los Derechos Humanos que realizó la Alta Comisionada de la ONU enviada a Caracas, la ex presidenta de Chile, Bachelet.

Para la ex embajadora en Caracas, el voto de Argentina en favor del informe Bachelet en la ONU «-… No difiere en absoluto de lo que hubiera votado el gobierno de Macri».

Y lo vincula a una alianza con «un grupo de gobiernos de extrema derecha, alentados y financiados por los Estados Unidos con dos objetivos explícitos: Promover un ‘Cambio de Régimen´ en Venezuela -con idéntica matriz de los operados por EE. UU. en Oriente Medio- y desarticular el bloque regional».

La carta de Castro, apoyada por la vicepresidenta Fernández, es aun más larga y muy dura respecto a la posición Argentina en la ONU sobre Venezuela.

Entre otros conceptos como los ya reproducidos en esta nota, Castro considera que la Argentina decidió inmiscuirse en la política interior venezolana, e incluso lo identifica con el colonialismo.

El caso Venezuela había generado tensión cuando otro diplomático argentino, el embajador ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), Carlos Raimundi, desoyó las instrucciones de la Cancillería de Felipe Solá y se expresó ante el organismo en el que representa a la Argentina en favor del régimen de Nicolás Maduro: «… estamos hablando de un país (por Venezuela) que ha sufrido y sufre desde hace mucho tiempo un asedio internacional, amenazas de intervención, operativos que han sido frustrados…».

Fuentes oficiales informaron que el propio presidente Alberto Fernández se comunicó con Raimundi para reprocharle su exposición sobre el tema».

Clarín pudo saber, en base a fuentes diplomáticas, que el embajador ante la OEA tenía instrucciones precisas de la Cancillería en sentido contrario a lo que terminó enunciando en su discurso.

El embajador ante la OEA hizo después declaraciones públicas en las que aseguró que no había hecho alusión alguna en forma crítica al informe de Bachelet.

Raimundi forma parte del grupo de dirigentes asociados al Instituto Patria, la sede de las políticas de Cristina Fernández: siempre defendió al régimen de Maduro y al chavismo en conferencias organizadas por «el Patria».

La nonata embajadora ante Rusia, Castro, ya había generado una relación de tensión con el canciller Solá en varias ocasiones.

Después de que el funcionario calificara al gobierno de Maduro como «autoritario» pidió que el Senado no trate su pliego para formalizarla como embajadora ante la administración de Putin.

En público, la diplomacia nacional explicó que las razones de ese retraso tenían que ver con el temor de Castro a contraer Covid-19.

Está confinada hace meses.

La renunciada a la embajada en Rusia antes de serlo en modo formal, también había expresado su enojo ante el Ministerio de Relaciones Exteriores cuando leyó una columna que el Secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, escribió en un medio interno de la Cancillería.

Solá explicó, tras la polémica desatada por el voto en la ONU en favor del informe Bachelet, que la posición de la Argentina respecto a Venezuela no había cambiado: «Para que nadie se confunda, el Gobierno mantuvo siempre la misma posición sobre Venezuela. Queremos ayudar a que los venezolanos tengan un funcionamiento pleno de sus instituciones sin interferencias externas, sanciones ni castigos unilaterales», difundió en su cuenta de Twitter. Y siguió escribiendo en esa red, por ejemplo, que «nuestro Gobierno defiende y defenderá la no injerencia externa y los derechos humanos en cualquier circunstancia«, agregó, entre otros conceptos.

Diversas fuentes de la diplomacia le aseguraron a Clarín que el gobierno de Maduro intentó presionar a la Argentina para evitar su voto en la ONU en favor del informe Bachelet. El propio presidente venezolano habría intentado comunicarse con Alberto Fernández. Quienes sí enviaron sus mensajes para torcer la posición nacional fueron la vicepresidenta de ese país, Delcy Rodríguez, y su hermano, Jorge Rodríguez, el poderoso Ministro de Comunicación.

El lobby se habría ejercido también sobre el embajador en Caracas, Eduardo Porreti.

La Cancillería y la Presidencia se mantuvieron firmes.

El Presidente Alberto Fernández habló incluso con la propia Bachelet antes de que el representante de Argentina en la ONU, Federico Villegas, votase como votó.

La ex embajadora en Caracas, renunciada a su nonata embajada en Moscú, Alicia Castro, afirmó en una entrevista que el Presidente la había llamado para que revea su posición y acepte el cargo que le propuso el Gobierno para representar al país en Rusia.

En la Casa Rosada y en la Cancillería niegan que esa comunicación haya existido.

El caso Venezuela abrió una grieta en el oficialismo.

El tiempo dirá cuán relevante puede llegar a ser en una coalición de Gobierno conformada por sectores del peronismo que piensan muy distinto sobre hechos concretos, y no sobre cuestiones de Fe.

La vicepresidenta, esta vez, hizo silencio.

Quizás porque otros dirigentes hablaron en su nombre. Ventrílocuos políticos.