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27 febrero, 2021

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La batalla contra el COVID-19 no se detiene.

Después de meses de pandemia, queda claro que el COVID-19 afecta a las personas de varias maneras.

Algunos pueden infectarse sin presentar síntomas, otros los presentan de forma leve y un tercer grupo requiere ser hospitalizado.

Es precisamente para quienes presentan síntomas o llegan a requerir hospitalización que investigadores alrededor del mundo están buscando qué podría funcionar y están encontrando respuestas en algunas terapias. Aquí, médicos y especialistas explican las estrategias y sus avances.

Medicamentos antivirales

Según explican desde la Clínica Mayo (EE.UU.), este grupo de fármacos impide la duplicación del virus. El SARS-CoV-2 necesita secuestrar a una célula huésped para reproducirse. “Los fármacos antivirales apuntan hacia ese proceso de secuestro y duplicación con el fin de bloquearlo”, dicen desde la clínica.

Actualmente hay más de 30 fármacos antivirales bajo investigación para comprobar su eficacia frente al coronavirus. Un ejemplo de estos es el remdesivir, el cual se ha estado estudiando en varios países desde que inició la pandemia y fue aprobado el mes pasado por la FDA como tratamiento.

Según datos publicados en mayo en The New England Journal of Medicine, este fármaco acortó en cuatro días el tiempo de recuperación entre los pacientes hospitalizados, pero un estudio posterior de la OMS cuestionó su efectividad.

“Pero en general, los antivirales han decepcionado, como el lopinavir y ritonavir, y finalmente va quedando el remdesivir, pero tampoco ha mostrado mucha efectividad en estudios más nuevos y de mejor diseño”, dice el infectólogo Javier Tinoco, académico de la Facultad de Medicina de la U. de los Andes

Sebastián Bravo, internista y académico de Medicina UC, añade: “Lo que se ha visto es que los antivirales podrían ser una terapia promisoria, pero no para todo el mundo, si no más bien en pacientes seleccionados, porque al atacar la replicación, este debería aplicarse al inicio del cuadro, pero aún faltan experiencias exitosas de este tipo”.

Terapia inmunomodulatoria

Según Paola Murgas, profesora del Centro de Biología Integrativa de la Universidad Mayor, este tipo de terapia consiste en fármacos que se enfocan en la respuesta del sistema inmunitario ante el virus, es decir, controlan la gran inflamación que produce el sistema inmune para combatir el COVID-19 y que puede agravar al paciente.

“Algunos de ellos son la dexametasona y la hidrocortisona, esteroides que en los estudios han mostrado impedir que hasta 12% de la población con enfermedad grave fallezca”, dice la académica.

Y añade: “Actualmente, se están utilizando en etapas tardías de la enfermedad, y lo que se está estudiando es si en combinación con antivirales en etapa temprana, podrían evitar que las personas necesiten ventilación o mueran”.

Los expertos coinciden en que la dexametasona es la que ha mostrado mayores beneficios. Un trabajo publicado en julio informó una disminución en la tasa de mortalidad de los pacientes que necesitaban respirador u oxígeno del 41% al 29% con la dexametasona, a los 28 días de hospitalización.

Bravo agrega que aún se necesitan confirmar estos datos en estudios con poblaciones grandes. “Pero hasta ahora, la evidencia parece ser sólida de que este tipo de terapia puede influir en la mortalidad”.

Los anticuerpos

Otra estrategia que se está investigando son los anticuerpos monoclonales, “compuestos de fabricación artificial, a partir de un clon de un anticuerpo específico”, dice Tinoco.

Desarrollados por primera vez en los años 70, actualmente se utilizan para tratar varias enfermedades, como numerosos tipos de cáncer.

En el caso del covid-19, indican los entrevistados, estos también buscan actuar sobre la replicación del virus con el fin de bloquearlo.

La página ClinicalTrials.gov indica que hay casi una docena de estudios en curso con anticuerpos monoclonales, solos o combinados, en el contexto del COVID-19 y sus correspondientes infecciones, como pulmonías y síndrome de insuficiencia respiratoria aguda.

Pero los médicos aseguran que los resultados han sido modestos. “Un ejemplo es el tocilizumab, que se propuso en Europa, se utiliza para la artritis reumatoide y se pensó que podría funcionar, pero es de alto costo y no ha mostrado grandes ventajas en mortalidad y, es más, se ha visto que pudiese predisponer a algunas infecciones”, dice Bravo.

La otra terapia basada en anticuerpos es el plasma convaleciente, en la cual se usan los anticuerpos creados por personas ya recuperadas. Si bien esta ya se ha probado en Chile y en otros países, los entrevistados coinciden en que sus resultados son discretos. Aún está bajo investigación, y dicen que hasta ahora ha demostrado ser segura pero no ha disminuido la mortalidad.