Eso fue suficiente para que los uniformados comenzaran a disparar decenas de bombas lacrimógenas y perdigones. Dos manifestantes recibieron disparos de armas de fuego y otro recibió un perdigón en el ojo izquierdo. Los tres son menores de 27 años. La Defensoría del Pueblo indicó que hubo otros 19 heridos y 18 detenidos trasladados a sedes policiales.

Llorando, tosiendo y escapando de la neblina de humo de las bombas, Abigail Calluque, una joven menuda y delgada de 20 años, arrastraba su cartel que decía “golpe de estado”.

Sus cinco amigos —algunos de pie, pero a punto de desvanecerse y otros sentados sobre una vereda y entristecidos— se limpiaban la cara con trapos empapados en vinagre y bebían agua.

“Me tiene harta esta situación”, dijo con los ojos rojos y mirando a lo lejos cómo un policía perseguía a un joven y le golpeaba con su vara. “A cada rato hacen lo que quieren y nosotros siempre nos hemos quedado callados. Eso ya no va más”.